Tokio. Más de 13 millones de habitantes. Y más de 36 millones si contamos su área metropolitana. Te puedes hacer una idea de lo inmensa que es la capital de Japón. Y dentro de esa inmensidad aparece la dualidad.

Calles abarrotadas (literalmente) de gente. El cruce de Shibuya es conocido en el mundo entero por ser cruzado por un millón de personas diariamente. Sonidos ensordecedores en las calles comerciales. Dependientas dándote la bienvenida continuamente en los comercios añaden más ruido al que ya hay de por sí en las calles de Tokio. Pachinkos. Música a tope en las tiendas.

Y piensas, ¿esto es Japón? ¿Qué tiene que ver con los jardines zen, con el sushi, con los templos y con el pequeño caminar de las geishas? Mi amigo Wataru dice que Tokio no es Japón. ¿Pero cómo no lo va a ser con más de 36 millones de personas?

Obviamente Tokio es Japón. Lo que ocurre es que la ciudad tiene dos caras. Una muy llamativa, salpicada de luces de neon; y otra más pausada que pasa muy desapercibida.

¿Cómo encontrar la calma si viajas a Tokio?

Si vas a pasar muchos días en la ciudad, seguramente en algún momento querrás un poco de quietud. Y para ello debes “introducirte” en la vida japonesa.

Las postrerías, los templos y los jardines son espacios perfectos para encontrar esa calma. No digo que no vayas a encontrarte a nadie. Todo lo contrario. Seguramente estará lleno de gente. Pero aún así, reina la paz. Existe como un pacto de silencio entre el visitante y el espacio para que nada perturbe esa paz.

La revista Cereal, en su número 11, nos muestra esa cara calmada de la ciudad. Si necesitas desconectar del Tokio frenético y conectar con el Tokio pausado, en su mini guía encontrarás 5 propuestas libres de estrés.

El Hotel Aman Tokyo. Es un hotel totalmente reformado que conserva la esencia japonesa, pero adaptándose al viajero occidental. Una mezcla con una perfecta armonía. Todo un lujo a precio de lujo. No nos engañemos, los de Cereal no se andan con chiquitas.

El Nezu Museum alberga una colección de 7400 piezas de arte que pertenecían al empresario Nezu Kaichirō. Muy cerquita de la estación de Omotesando.

Baishinka es una confitería tradicional japonesa, donde venden principalmente wagashi. En ella puedes encontrar dulces dedicados a la estación del año en que te encuentres. Seguramente es uno de los mejores souvenirs que puedes traerte de la ciudad.

Cerca del Nezu Museum, Cereal nos propone hacer parada para comer en el Sasha Kanetanaka. Su mesa alargada permite que entres en contacto con locals, porque al ser un restaurante difícil de encontrar, no suele haber turistas.

Si estás preparando tu viaje a Tokio, recuerda que la ciudad tiene dos caras.

 

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